sábado, 7 de agosto de 2010

Si el promotor no promueve

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«No basta con querer hacerlo. Para bailar profesionalmente en México, como en muchas otras naciones, se tiene que contar con apoyo económico que provenga de una fuente distinta del sector artístico. El mecenazgo – de la familia, de amigos, del Estado, de alguna fundación, de algún amor – es una opción. Otra lo es el sacrificio personal. Una más la constituye el establecimiento de un negocio paralelo. Y también hay que contar con la posibilidad de trabajar en actividades subsidiarias de la práctica artística.» Tomado del artículo Baila quien quiere (y puede querer) por Gustavo Emilio Rosales, 25 de mayo de 2010 (http://cuerpoacuerpodco5.blogspot.com/).

El artista en general, acá y hoy, ni tiene derechos laborales, ni puede trabajar de tiempo completo en su vocación, ni tiene la seguridad de poder hacerlo algún día.

Por eso he sentido la urgencia absoluta de vender mis cuadros. Y si en mala hora me he asociado con unos promotores que no promueven, con vendedores de mi obra que apenas la venden en defensa propia, ¿sorprende mi decepción?, ¿extraña que todo el tiempo zahiera y escarnezca a estos novatos con mi sorna y befa? No son nadie, pero estorban.

No comprender lo anterior es vivir parado sobre un charco de babas y cargando la carabina de Ambrosio. Así que ¡a otra cosa, a salirme de estas seudo ayudas de pura farsa! Más mediocre sería yo si siguiera confiado en la palabra de quien no la tiene.







[Nota del 10 de agosto: A estas fechas van cinco meses de no liquidarme una pequeña cantidad de dinero, que no por su tamaño deja de ser importante.]
[Nota del 21 de agosto: Apenas hoy me fue liquidada la cantidad en cuestión.]

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