domingo, 18 de octubre de 2015

"Perder el tiempo como un artista": Un texto de Hugo Álvarez

[El siguiente escrito ha aparecido este mes de octubre de 2015 en la página http://input.es/contemporanea/perder-el-tiempo-como-un-artista/ . Su autor es Hugo Álvarez.]



I do believe in time travel.
Time travel to the future.
(Stephen Hawking)


Isidoro Valcárcel Medina (Murcia, 1937) acaba de recibir el premio Velázquez 2015. Valcárcel Medina es un artista aparentemente muy distinto del pintor sevillano. Sus acciones son tales como saludar desde el andén a los pasajeros de un tren que no hace parada en la estación, dar conferencias en morse o fotografiar un reloj de Madrid cada día durante un año. Dedicaciones que pueden parecer una pérdida de tiempo, pero que nos permiten plantear algunas preguntas: qué tipo de ocupación es el arte, cuál es la división entre el horario laboral (trabajo) y el tiempo libre (ocio), qué es el tiempo en términos productivos y qué papel juega la libertad en relación con él.


La finlandesa Pilvi Takala (Helsinki, 1981) trabajó como becaria durante un mes en el departamento de marketing de Deloitte, donde solamente unas pocas personas conocían la naturaleza artística de su proyecto. Podemos verla en una mesa sin hacer nada o pasando una jornada completa en el ascensor. Esto termina por crear una atmósfera insoportable con los compañeros de oficina, que se preguntan por su extraño comportamiento y piden explicaciones a los jefes.


Takala argumenta lo siguiente: “la persona que está sin hacer nada no está ocupada con ninguna tarea, por lo que tiene el potencial para cualquier cosa. Este no-hacer carece de sitio en el orden general y es por ello que supone una amenaza. Es fácil erradicar cualquier actividad en marcha que ponga en peligro el orden, pero el potencial para cualquier cosa es un estímulo constante que no tiene solución.”


Se puede pensar que reivindicar la pereza en España es un esfuerzo innecesario, pero no se trata de defender la holgazanería en sí misma sino el potencial resistente del tiempo no productivo. En un momento de la grabación, Pilvi le explica a un colega -presumiblemente inquieto ante quien le parece que está vagueando- que está haciendo un poco de “trabajo intelectual” (brain work en los subtítulos en inglés, el idioma original es finés). De esta manera podríamos clasificar la obra de Isidoro Valcárcel Medina, nombrado pionero del arte conceptual.


El “brain work” de Valcárcel Medina le lleva, en 1973, a llamar a alguien al azar cuando le instalan un teléfono en casa. Sin un propósito concreto más allá de presentarse amablemente. Está dando así un uso imprevisto a un elemento, un uso diferente al cotidiano que nos hace preguntarnos por la esencia de ese objeto (tanto como objeto físico “teléfono” como objeto conceptual “comunicación”), abriendo posibilidades alternativas y multiplicando los mundos. Este carácter socrático es definitorio de la práctica artística de Valcárcel Medina.


De hecho, cuando se habla de sus proyectos, no es extraño que Valcárcel Medina adopte una posición como la de Sócrates (play the Socratic card?) para intentar sembrar más preguntas antes que ofrecer demasiadas respuestas. En la entrevista con él que publicamos en el número 3 de Input, sostenía que la “vida bien vivida es arte”. Por su parte, el filósofo de Atenas trataba de enseñar que, en lo que se refiere a nuestras acciones, buenas y bellas son sinónimos.


Este concepto socrático de belleza encaja perfectamente con la idea de compromiso de Valcárcel Medina. Tras recibir el Velázquez, Isidoro renegaba de la producción de obra como pieza externalizable y finalizada y afirmaba su trabajo como una tarea inacabable. En el año 2012, dentro del marco del festival PHotoEspaña, se celebró la muestra Nuestro trabajo nunca se acaba en Matadero Madrid. El planteamiento expositivo partía de la obra Artist at Work (1978), en la que el artista serbio Mladen Stilinović “se documenta a sí mismo a través de una serie de fotos en las que aparece tumbado en la cama, sin hacer nada, poniendo en cuestión la separación entre la vida, el arte y el trabajo”.


Hay una definición muy interesante y citada de Valcárcel Medina: “El arte es una acción personal que puede valer como ejemplo, pero nunca tener un valor ejemplar”. Si nos preguntásemos si las acciones pueden ser ejemplares como las obras pueden ser maestras, esa frase de Isidoro nos da una contestación que rebaja la épica y trata de “banalizar” el arte como algo que sucede habitualmente y no de una manera extraordinaria en contextos privilegiados. “Acción” es en principio una palabra de la ética que en el siglo XX pasó al terreno del arte. La vida como el compendio de todas nuestras acciones, y nuestras acciones como un tejido continuo que se entrelaza a su vez con otras vidas y otras acciones, es la sustancia básica del tiempo. Por tanto, el arte como trabajo que nunca se acaba puede ser entendido en el sentido de la exposición de Matadero y, de forma complementaria, en el sentido socrático de Valcárcel Medina: si la obra por excelencia es nuestra vida.


Hugo Álvarez

sábado, 10 de octubre de 2015

EL ARTE DE DEFINIR QUÉ ES ARTE (CONTEMPORÁNEO) - Un texto de Florencia Magaril



[A continuación reproduzco un texto interesante que me he encontrado. Es un escrito de Florencia Magaril publicado en la página Hipermedula.org: http://hipermedula.org/2013/04/el-arte-de-definir-que-es-arte-contemporaneo/ ]



Cuando hablamos de “lo contemporáneo” hacemos referencia a lo que ocurre en nuestra época, lo que coexiste, lo actual, lo nuevo, lo de hoy. Sin embargo, una vez establecido en la reflexión sobre el arte, lo contemporáneo se vuelve una categoría que va incrementando su capacidad descriptiva y el conjunto de manifestaciones que comprende. Lo contemporáneo como un espacio maleable donde la reflexión actualiza sus herramientas y ensaya construcciones conceptuales que dan cuenta de la incesante experimentación que el campo del arte potencia.



Una primera acepción del arte contemporáneo es aquella que lo ubica como un fenómeno que comienza a mediados del siglo XIX.


En su libro Arte Actual. Diccionario de términos y tendencias (1985), el crítico Leonel Estrada lo define del siguiente modo: “Movimiento que a partir de mediados del siglo XIX aparece como una revolución artística que se inicia y trata de apartarse progresivamente del arte tradicional de Occidente. Genéricamente, el Arte Contemporáneo es una discordancia que no se ciñe a problemas formales, técnicos o estéticos sino que es algo que afecta su uso social, creando perplejidad en la gente. Ya no es la belleza el canon de medida; ni es la perspectiva, ni la proporción, tampoco son ya la armonía y la simetría lo que este arte ilustra. De ahí que el espectador pregunte, frecuentemente en este arte contemporáneo, ¿Qué es lo que esto significa?“.



En este sentido, el arte contemporáneo se caracteriza por tener múltiples interpretaciones, “opened-ended” que implica que la comprensión del arte no siempre ocurre y los públicos muchas veces se confunden o desilusionan. Esperan una definición única y verdadera sobre qué es el arte y la frustración aparece cuando se confrontan con los múltiples modos de conceptualizarlo. La búsqueda por la comprensión del sentido inscripto en las obras se vuelve al mismo tiempo meta y obstáculo en la relación que establece el arte contemporáneo con sus públicos.



Lo contemporáneo en el arte también ha sido asociado al surgimiento de las vanguardias históricas. Peter Bürger plantea que la meta de las vanguardias históricas (futurismo, dadaísmo, surrealismo, cubismo, expresionismo) fue la reconciliación del arte con la praxis de la vida. En su intento por eliminar el vacío entre arte y vida la vanguardia debía destruir la institución arte y transformar su aislamiento en una fuerza productiva para el cambio social. A través de las vanguardias, según Bürger, el subsistema artístico alcanza un estadio de autocrítica, tanto contra el aparato de distribución artístico, como contra el status del arte en la sociedad moderna.



En tercer lugar aparece la posición generalizada que atribuye lo específicamente contemporáneo a la neovanguardia que surge en los 60. Esta transformación no solo compromete al artista y su práctica sino que desde el dadá hasta el pop art, pasando por el happening, performances, arte povera, arte conceptual, entre otros, se viene produciendo una transformación en el rol del público. Las diversas vanguardias artísticas han buscado distorsionar las líneas divisorias entre arte, obra y público, realizando una completa revisión entre las fronteras arte/vida, creación/ percepción, producción/ recepción, autoridad /realidad, intentando romper la dinámica jerárquica y piramidal modelada por la pasividad del espectador. 



Tres curadoras. Tres definiciones.



Pareciera que proponer una idea única de qué es el arte contemporáneo se vuelve una tarea imposible. Con el afán de aportar a este complejo entramado de nociones rescatamos los testimonios de tres curadoras que nos aportan contribuciones iluminadoras basadas en su práctica curatorial en la Ciudad de México: Ruth Estévez, Itala Schmelz y Carmen Cebreros Urzaiz.



Desde una posición crítica y reflexiva, Ruth Estévez, escritora, curadora y directora de LIGA-Espacio para Arquitectura-DF, afirma: “el arte contemporáneo es una estructura compleja y estamos acostumbrados a un tipo de cultura popular donde todo es regido por la imagen, y el arte contemporáneo justamente no se rige tanto por la imagen sino por medio de textos y asociaciones y la mayoría de la gente está muy poco acostumbrada a este tipo de lenguaje. Entonces, su propio desentrañamiento es complicado. ¿Cómo haces para ponerlo simple y no develarlo al mismo tiempo? (…) el lenguaje del artista contemporáneo sigue siendo muy diferente al del público en general y no tiene que ver el medio en sí, sino su forma de hablar y de reflexionar acerca de ello. Creo que es precisamente porque lo que hace un artista es observar la realidad, reflexionar en torno a ella y materializarla de otra manera.”



Por su parte, Itala Schmelz, crítica y curadora de arte, plantea que el arte contemporáneo ha cambiado sus estrategias, paradigmas, lenguajes, herramientas y ahora no es tan fácil definir qué es una obra ya que muchas producciones artísticas implican procesos de comprensión más cercanos al campo de la educación y pedagogía. Esta idea se vincula con la propuesta de transpedagogía desarrollada por Pablo Helguera.



Según Helguera, desde los años noventa es posible advertir un “giro pedagógico” en el arte contemporáneo introduciendo en el proceso de su quehacer artístico algunas nociones y principios básicos de la educación para profundizar la vinculación entre los públicos y la reflexión crítica. En relación a la finalidad y eficacia del arte, Itala plantea que el arte contemporáneo ha sido la clave para deconstruir numerosos pensamientos dominantes y de control de la sociedad: “Ha sido estratégico para tener un ángulo crítico, poder desarrollar cierta ironía y humor (…) En todas las sociedades siempre ha habido puntas de lanzas y el arte contemporáneo es una de ellas, no es el espectáculo para las masas. Es esa punta de lanza la que permite tener activo el pensamiento, el lenguaje en movimiento y en alerta los paradigmas y los mecanismos de control. Si pensamos cuál es la eficacia del arte contemporáneo yo creo que es muy importante y sustantiva pero no es una eficacia que alcance a grandes masas ni que haga cambios inmediatos, es un arte que siempre se ubica del lado de la transgresión, de lo crítico, lo rebelde, lo que rompe.



Por último, Carmen Cebreros Urzaiz, curadora del Programa Bancomer-MACG Arte Actual, plantea que el artista contemporáneo es alguien en constante transformación de su subjetividad y en esos procesos transformativos es donde se construyen las obras. En este sentido se abandona la idea de genio creador que nos revela las verdades y los enigmas de la vida y el artista se vuelve alguien que se ubica en situación de comenzar de cero cada vez para producir este conocimiento a través de la obra artística. “El arte no necesariamente es pedagógico o explicativo de la realidad, lo que hace es pensar que el mundo puede funcionar de otra manera y eso puede ser desorientador o reorientador.(…) No creo que sea el deber del arte formar a nadie y si el arte adoctrina eso no es arte sino otra cosa muy peligrosa.


Sobre el rol y los mecanismos de los artistas, Cebreros propone: “El artista es alguien que pone a prueba sus propios sistemas de conocimiento y ese cuestionamiento, esa duda y esa necesidad de pensar el mundo de otras posibles maneras, no como revelación ni como verdad, sino como posibilidades para deslocalizarte y, desde esa desorientación pensar en cómo podría funcionar el para mundo.



Actualmente, una vez más la definición sobre arte contemporáneo adquiere nuevos sentidos. Nos encontramos atravesando un momento histórico signado por la multiplicación de la oferta cultural y la proliferación de objetos culturales: “atrapado en una masa caótica de objetos, el individuo creador recicla, transforma, se apodera de los signos que lo rodean”, dice Nicolas Bourriaud, quien propone la idea de postproducción . Este concepto hace referencia a la tendencia de un gran número de artistas a interpretar, reproducir, reexponer y utilizar obras realizadas por otros o productos culturales disponibles en sus ámbitos cotidianos. No se trata de citas, referencias u homenajes, sino de un nuevo uso que propone una relación activa y creativa con lo existente. Se trata de una idea del artista como “apropiscionista”, que se sirve de los códigos de la cultura, de las formalizaciones de la vida cotidiana, de todas las obras del patrimonio mundial y los reordena y hace funcionar de un modo específico, según unos sentidos específicos. Así, los nuevos artistas contemporáneos recurren a la cultura, al lenguaje cinematográfico, a la publicidad, al periodismo, al arte, a todo lo que los rodea, como una caja de herramientas con las cuales “usar” el mundo y crear complejos de significaciones.



Florencia Magaril


http://flormagaril.tumblr.com

jueves, 8 de octubre de 2015

Cállate y toca tu guitarra


Agradezcamos tener el talento para pintar y dibujar.

Reconozcamos aquello favorable que sí obtuvimos durante nuestro aprendizaje en la UNAM, y lo que ha seguido enriqueciéndonos en los casi veinte años posteriores a esa etapa. Hemos descubierto cosas beneficiosas de muchas experiencias. Realmente no nos ha ido mal. Claro que podemos mejorar, pero tenemos todo para hacer grandes avances.

De nuestro pasado celebremos lo bueno que hemos hecho, y no nos concentremos en las circunstancias negativas. El pasado es solamente un trampolín para lograr mejores cosas en nuestro futuro. La nostalgia es hermosa, pero no todo tiempo pasado fue mejor. Sigamos pa’lante.

¿Nos han rechazado, hemos fracasado en algunas iniciativas? Es verdad que la vida comete injusticias; pero éstas no han de controlar nuestro trabajo. Los golpes no deben importarnos mayor cosa. Quejarnos sería un gasto de energía. Habrá mucha gente que nos rechace o a quienes no les importemos. Es normal. Eso no nos detendrá. Toda persona exitosa ha sido rechazada más de una vez en su pasado.

Si queremos realizar obras muy ambiciosas (sea un mural de 30 metros, sea una escultura monumental…), busquemos y produzcamos las circunstancias para llevarlas a cabo. Si eso no es posible --por lo menos en el corto plazo--, pues adaptémonos a nuestras posibilidades reales: quizá no podamos hacer ese mural, pero sí una obra de caballete. Y si no podemos hacer ésta, pues una acuarela. Y si no ésta, sí al menos un bocetillo a lápiz en una servilleta. Eso no es indigno. Al contrario: es admirable hacer arte con lo que se pueda, donde se pueda. Lo importante es no detenerse.

Si no podemos llevar a cabo un proyecto con ciertas personas, pues busquemos con quién sí podamos. Y si no hay nadie dispuesto a acompañarnos en una iniciativa, cada persona puede llevarla a cabo por su cuenta. Cada uno es autónomo, capaz, competente. Podemos hacer lo que elijamos.

Trabajemos constantemente en nuestra obra, por muy supuestamente “poco admirable” que nos llegue a parecer en algún momento. Arriesguémonos a “fracasar”. Corramos riesgos. No importa si hay altas probabilidades de “arruinar” una obra. Nunca hay una garantía total de éxito en los resultados. El esfuerzo durante el proceso es ya un mérito en sí. Pero tras muchos intentos, es seguro que algo bueno sacaremos en limpio; quizá no todo, pero sí nos habremos lanzado y habremos aprendido mucho. Y es que no hay resultados extraordinarios sin que uno se aventure. Estemos orgullosos de poder arriesgarnos.

El cambio es bienvenido. Podemos ensayar nuevas técnicas, nuevos formatos, nuevos temas. Replantear nuestra propuestas. Mirar a nuestro alrededor para aprender de disciplinas muy distintas de la nuestra. Empaparnos del arte contemporáneo, si hace falta. Eso no está peleado con ser sinceros y auténticos.

Leamos obsesivamente todos los materiales disponibles acerca de lo que hacen los artistas actuales: en libros, revistas, catálogos, boletines, blogs… Enterémonos de absolutamente todo lo que dicen los teóricos, filósofos, curadores, críticos, curadores y artistas mismos acerca del arte y del mundo en el cual existe ese arte. Todo eso nos dará herramientas para poner nuestro trabajo en un contexto más preciso, actual, vivo.

Aprendamos idiomas extranjeros. Entendamos, al menos, inglés para no aislarnos de lo que se hace en más de la mitad del mundo. Viajemos: eso puede hacerse pidiendo becas (no es poco trabajo, y requiere mucha paciencia y persistencia, pero vale la pena).

Abrámonos a todo tipo de arte. Hay arte interesante (o puede haberlo en principio) por igual en Chimalhuacán o en Berlín. Un determinado contexto social no da arte siempre bueno o siempre malo.

Si todavía no hemos obtenido reconocimiento no es por una secreta (u oficial) conspiración de un “sistema perverso”. Es porque hasta ahora nos ha faltado trabajar con las estrategias adecuadas. Sí hemos trabajado mucho, y podemos seguir haciéndolo, y aun más; pero sólo hará falta enfocar mejor los esfuerzos. Podemos lograrlo, somos capaces.

Que no nos importe que otras personas tengan mayor o menor éxito que nosotros. No hay que resentir el éxito de los “güeros”, los hipsters, los “exquisitos”--etiquetas maniqueas y rencorosas todas ellas. ¿Es injusto o tonto su éxito? Seguramente en muchos casos sí. Pero sabemos cuáles son nuestras propias fuerzas. Poco a poco vamos construyéndonos. No nos comparemos con nadie; estemos, sí, en paz con nuestro trabajo. En todo caso, comparémonos con nosotros mismos para no prolongar nuestros errores y sí aprender de ellos.  Estemos satisfechos con lo que tenemos --lo cual no es sinónimo de conformismo, pues siempre es posible mejorar.

No nos anclemos en creernos “desposeídos”, “ofendidos”, “indignados”, “reprimidos”, “expoliados”, “conquistados”, “discriminados”, “excluidos”, “rechazados”, “marginados”, “descamisados”, “invadidos”, “violados”, “victimizados”. Jugar a la víctima es muy cómodo. Por mucho que sí existan las injusticias, acomodarnos en esa postura no nos hace progresar. NO SOMOS NINGUNAS VÍCTIMAS.

El mundo no nos debe nada. Desarrollemos mayor tolerancia a la frustración.

¿Algún día cambiaremos la estructura del mundo del arte: sus premios, jurados, ferias, bienales, curadores, ventas, coleccionistas? Definitivamente NO. Antes bien, decidamos tomar de ese mundo lo que nos acomode para mejorar. El estar aislados nos ha traído estancamiento. En cambio, avanzaremos cuando nos relacionemos con todo tipo de gente en contextos muy variados. Porque esparcir los frutos de nuestro trabajo será lo mejor. Y podemos lograrlo.

Tenemos todo para creérnosla.