lunes, 24 de septiembre de 2012

Miel

Tengo tanta miel que regalar... Sería un desperdicio no dársela a nadie. La daría con total amor. Que no se derrame en el páramo, que no siga así.

Ven.




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martes, 28 de agosto de 2012

«Estudié Letras Clásicas», un texto de Francisco Solís

[Con la amable venia de su autor, reproduzco aquí un escrito sobre una de esas carreras universitarias muy raras y aparentemente inútiles, como aparentan serlo todas las artes. Léanlo, es muy sincero y a mí me ha conmovido. Inti Santamaría.]




Estudié Letras Clásicas. ¿Qué demonios significa eso? ¿Esa cosa rara a la que mi familia sigue llamando "Licenciatura en Filosofía y Letras"?

En cierto sentido mi familia y ciertos allegados (a quienes por más que les haya repetido el nombre de mi carrera siguen sin aprendérselo) tienen razón en seguir viéndolo como algo vago e impreciso. Lo es.

En otra ocasión contaré cómo es que llegué a estos insignes estudios, por ahora sea suficiente decir que, como la mayoría de mis compañeros, llegamos ahí por accidente. Lo cierto es que nadie entra ahí con aspiraciones de volverse rico o tener un gran trabajo (para eso estudias otras carreras económicamente prometedoras). La cuestión es diferente. A esta carrera, si no entraste porque querías entrar a otra carrera y te metiste para pedir el cambio más adelante, entras por dos razones: 1) tu maestro de etimologías era un encanto y te contagió el gusto por las lenguas clásicas (griego y latín). 2) Entraste ahí porque no sabías qué hacer, y la indefinición que está implícita en la simple denominación de la carrera resulta muy seductora.

"Haiga sido como haiga sido", de pronto te encuentras ahí, hablando con niños de 18 años que te preguntan si ya leíste el tratado de lingüística general de Ferdinand de Saussure, mientras comienzas a ver el alpha, beta, gama, delta... Los primeros semestres son maravillosos, tu ingenuidad aún te permite hablar de literatura con tus compañeros, hablas de Shakespeare, de Wilde, de Dostoievsky. Supones que leerás muchas cosas buenas, que podrás leer a Sófocles en griego.

De pronto, ves cómo a tu alrededor a la gente se le va insertando un chip extraño, en donde todo tiene que ver con el mundo greco-latino. No existe ni la televisión, ni las noticias, ni Madonna, ni nada que tenga que ver con la realidad actual, pero aún hay cierta y hermosa ingenuidad que te permite relacionar el presente con las cosas que estás estudiando. Todo eso resulta, a tal grado encantador, que un día te topas súbitamente con la pregunta ¿qué voy a hacer cuando termine? ¿voy a ser un maestro de etimologías grecolatinas? ¿qué se supone que voy a hacer? Cuando estudias medicina sabes que serás médico, cuando estudias derecho sabes que serás abogado...¿cuando termine esta carrera qué voy a ser? ¿Qué es lo que implica un título en Letras Clásicas?

Entonces llega la cruel realidad: es una carrera completamente onanista, su único objetivo es su propia supervivencia. Y esos son los términos en que la tratan, siempre hablan en términos de "rescatar" la cultura clásica.

Es entonces donde se genera un ambiente extrañísimo de competencia, porque no sabes exactamente por qué estás compitiendo. Al ver que las opciones son pocas, la gente comienza a ser recelosa, no les interesa compartir sus conocimientos, comienzan a querer entrar en las élites académicas, casi inconcientemente se relacionan con los profesores para irse inmiscuyendo en las políticas escolares y eventualmente permanecer en la carrera, dando clases en la universidad, haciendo proyectos de investigación, etc. Sus objetivos se comienzan a perfilar.

En el camino muchos se van y sólo se van quedando quienes están consiguiendo colocarse dentro de la misma academia o quienes siguen sin decidir qué es lo que van a hacer de sus vidas y no encuentran otra cosa mejor qué hacer entre tanto... Me cuento entre este último grupo.

Sí, efectivamente, la carrera es tan amplia y ambigua que te permite hacer muchas cosas. Antes de terminar la carrera yo trabajé dando clases de español para extranjeros, comencé mi carrera en el mundo editorial,en revistas de moda (cosa que no fue muy bien vista por muchos compañeros que denostaban como vulgares y superficiales tales asuntos, aunque mi trabajo en moda me ha hecho desarrollar muchísimas habilidades además de la escritura). En realidad hay un gran mercado laboral para la gente de humanidades, en general, siempre y cuando se deshagan del chip de que su deber es trabajar en y para la academia...

Pero sigues en Letras Clásicas... y sigue siendo algo completamente indefinido, es como un accesorio muy sofisticado: para unos su valor reside en la ignorancia del otro; para otros su valor reside en su potencialidad "todo lo que puedes hacer con ese conocimiento".

Yo siempre me jacté de ser brillante en la carrera, en realidad no sé si lo era. Existe ese gran problema de autopercepción, justamente porque no hay un parámetro con el que te puedas comparar. No estudias filología propiamente, entonces no puedes compararte con los filólogos. Tu conocimiento de las lenguas clásicas es rudimentario, sólo puedes mostrar mayor o menor habilidad en las lenguas... El asunto es que no existe un perfil definido, y nunca sabes qué es lo que se espera de tí al terminar. Es por ello que tal inseguridad se vea reflejada en la competencia por la erudición. Entonces los alumnos comienzan a "especializarse", no es que existan propiamente las especialidades en la carrera, sino que cada quien va definiendo sus intereses, que pueden ser tan variados como se te antoje, siempre y cuando esté dentro de los confines del mundo greco-latino, todos adquieren su propia y definitoria erudición que, evidentemente, nos hace superiores al resto... Lo duro es cuando te das cuenta de que no eres un erudito, porque observas los trabajos de los verdaderos especialistas en el campo, y sabes que no sabes nada, que tus puntos de referencia son tan vagos... A partir de ahí tienes dos opciones: 1) admitir que no eres un erudito de nada, que tu formación ha sido tan vaga como el nombre de tu carrera y tratar de sacar el mejor provecho de tus propias habilidades, no de tu erudición; 2) Tratar de compensar tu falta de preparación con más y más datos, hacerte un erudito a la fuerza, hacerte de todos los libros posibles, sin darte cuenta de que lo que hace falta no es información, sino formación... La carrera no provee tal formación. Sólo provee ciertas herramientas para solucionar a medias ciertos problemas... (Es curioso cómo para mí fue más formativa la cafetería de la facultad que los salones, pues siempre conviví más con gente de otras carreras).

Yo, aunque caí en todos los vicios antes mencionados, fundamentaba mi diferencia en mi "apertura" a hacer cosas distintas y a interesarme en cosas fuera de las letras clásicas, para señalarles a los otros, con mi ejemplo, de que "había un mundo allá afuera"... Luego me di cuenta de que esa también era una pose bastante común...

Todo esto es difícil de percibir cuando estás ahí dentro, porque (salvo pocas excepciones y contra lo que pasa en otras carreras) es muy difícil comunicarse con los compañeros, con los maestros y administrativos... Todos tienen pánico de mostrar sus inseguridades, por eso es que en esta carrera no se pregunta, se afirma... En clase no existen las dudas, existen las aportaciones... No se cuestiona a los maestros, sólo se habla mal de ellos a sus espaldas... Todo está velado por ese miedo a mostrar lo frágil que es la armadura de erudición que todos traemos puesta... Y el asunto es que, nunca será suficiente, porque no existe el parámetro para establecer la suficiencia...

Finalmente ¿qué es lo que se estudia? Estudiamos Griego y Latín... y aprendemos Latín, historia de la literatura griega y romana. Además (y sobre todo) llenamos nuestra cabeza con datos muy extravagantes para enfrentar situaciones difíciles de investigaciones extravagantes.

Después todo se reduce a una terrorífica Tesis, pues en ella es donde expondrás tu erudición públicamente, y probarás si tu armadura tiene huecos y cuáles son los puntos flacos de ésta... (Dios nos salve de un dativo de enamoramiento).

¿Qué hago de mi tesis? ¿Traduciré a Ovidio? ¿A Séneca? ¿Analizo nuevamente la cuestión homérica? ¿Cómo obtengo un tema nuevo, que aporte algún conocimiento al campo dentro de los límites de la cultura clásica? ¿Cuál es el límite?

Así es que yo llegué a los Renacentistas, no a todos, a uno. Y lo traduje ingenuamente, finalmente estaba en latín. Entonces me vi fascinado por la relación que establecieron los renacentistas con los clásicos. No los leían para preservarlos de la muerte, los leían para encontrarle sentido a su presente...

Hasta entonces la carrera de Letras Clásicas no fue ya la que rescataba a los autores grecolatinos de entre los libros muertos, ni pretendía la absurda labor de hacer que se aprendiera griego y latín en las primarias, ni traducir por enésima vez los mismos textos, sino encontrar reminiscencias del presente en ese pasado, y no al revés.

Ahora tengo terminada mi Tesis, sobre un autor renacentista, el trabajo no deja de tener puntos flacos y, aunque es fruto de un trabajo de casi tres años de parchar los huecos de esta armadura, se sigue sintiendo vulnerable a las armas de los "rescatistas"...

Volviendo a la cuestión que abre este texto... Sí, estudié Letras Clásicas, por cuatro años, traduje a un autor que nadie conoce y que a nadie le importa, de una lengua que sólo hablan los curitas de vez en cuando, me tardé tres años haciendo una tesis que me daba terror, después de haber cambiado de tema muchas veces...

¿Ahora sé qué son las Letras Clásicas y qué se supone que se espera de mí y qué facultades me dará mi licencia?

No.

¿Ha valido la pena?

Definitivamente.

¿Debo culpar a mi mamá por decirme que estudié "Filosofía y Letras"?

Definitivamente no...



Francisco Solís

lunes, 20 de agosto de 2012

No te preocupes


domingo, 5 de agosto de 2012

Retrato de Inti Santamaría por Oskar Kokoschka



Oskar Kokoschka (1886-1980)
Max Reinhardt (Cabeza), 1919
Litografía
Edición: 125
The Museum of Modern Art, Nueva York
Donación de Paul J. Sachs


[Gracias a María José Alós por relacionar los parecidos. Je.]

martes, 31 de julio de 2012

Otro predicador

No te preocupes. Otra vez estamos en 1987 y tú sigues siendo un estudiante de quinto de primaria. Tu mundo sigue completo y en orden. Nada, nada es vanidad, ni volverá a serlo nunca.




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jueves, 26 de julio de 2012

Epifanía futura


Caravaggio: La conversión de Saulo, ca. 1600-1601


Casi en Sils-Maria. Casi, por poquito.

Camino de Damasco, dejo ir lo que siempre estuvo ausente.
 
Total, el futuro sí es generoso.





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miércoles, 18 de julio de 2012

Una carta de Mariana Arteaga

La siguiente carta la recibí hoy de parte de Mariana Arteaga, amiga y mujer de danza, quien responde a una entrada de este blog. Reproduzco la misiva con su amable consentimiento:



Mi querido Inti:

Estaba yo en chinga, buscando reseñas para completar esta famosa beca que sacó Hacienda para la producción nacional de danza cuando... llego por casualidad, a un blog tuyo donde hablas de tu gusto por Sala Tomada y la comparas con un caso semejante: SOLAR que se había llevado a cabo en el CCUT [Centro Cultural Universitario Tlateloco, en México, DF] poniendo entre comillas que se presentaba como una obra «propositiva» y «cuestionadora». Seguí leyendo tu texto, donde mencionabas que era de lo más pretenciosa y que fue un fracaso rotundo porque levantó altísimas expectativas pero se quedó «...en un ejercicio estudiantil de “creadores” con muchas palancas, influencias y conectes.»

[Mariana se refiere aquí a este escrito de este blog: http://intisantamaria.blogspot.mx/2010/10/buenas-intenciones-de-sala-tomada.html ]

Oh!!!! Debo confesar que entre que sonreí, me sorprendí, me saqué de onda reí —todo junto— al leer las referencias que pones sobre este proceso porque... jou, jou, SOLAR fue ideado, concebido y trabajado por Tania Solomonoff y por mí.

Y nada, que lo más curioso de todo es que me entraron muchas ganas de escribirte en este momento, a pesar de que pasó tanto tiempo —SOLAR y tu entrada de blog— para decirte que si algún día tuvieras interés, me encantaría sentarme a charlar contigo ampliamente sobre esta pieza. (A lo mejor ya pasó tiempo y qué más da, a lo mejor, por desempolvarte el asunto, te vuelve a dar cierta curiosidad.) El hecho que te haya parecido que fracasó o que percibas que fue muy, muy pretenciosa es algo que, por el momento, no puedo cambiar.

Lo que sí me dieron ganas de compartirte, es lo siguiente:

SOLAR no pretendió partir de un «cuestionamiento» hacia la audiencia, pero sí desde el ejercicio íntimo de cuestionamiento de los creadores hacia ellos mismos en diálogo con Tania, conmigo, con el CCUT. Jamás se pretendió cuestionar a «los otros». Para los que estuvimos adentro fue una experiencia de lo más propositiva!!!!! Fue un proceso de diálogo colectivo y de ir explorando metodologías posibles para concretar el proyecto y habitar ese maravilloso espacio. Puede que se haya logrado, o no... pero el trabajo fue un gran ejercicio de honestidad, incluso, si fuera el caso, para fracasar. Confieso que me sorprende muchísimo que haya levantado expectativas. Todos pensamos que causaría a lo mucho, curiosidad —te digo, lo que se vive adentro es otra cosa— porque SOLAR era nuestro experimento, nuestras búsquedas de abordajes escénicos.

En fin, todas son cosas para compartir, pero hay una cosa, en absoluto destiempo —ah, pero que cómo se me antojó aclararla hoy día contigo al leerla, sabiendo que eres una persona con la que puedo dialogar— que:

SOLAR JAMÁS JAMÁS JAMÁS JAMÁS JAMÁS JAMÁS fue un proyecto de «creadores» con muchas palancas, influencias y conectes. Esto me es fundamental decírtelo porque ahí estabas hablando de mí y de Tania, creadoras del proyecto y pa' que veas, tu percepción está (o estuvo) muy, muy equivocada. Solo eso. Ni Tania ni yo hemos trabajado concibiendo proyectos desde ese lugar, pero sí desde ser unas apasionadas de la danza y desde acciones concretas para impulsarla. SOLAR, por ejemplo, pasó por un amplísimo proceso antes de llegar a decidir el cuerpo creativo. Y no tuvo que ver la fama de nadie, sino de la capacidad de apertura y diálogo de los que finalmente fueron seleccionados. Y aquí sí vale la pena como ejercicio personal, limpiar (bien retro) mi nombre y el de mi comadre —la otra, por el momento, ni enterada, obvio—.

Quizás éste también sea un error de percepción sobre las personas que de repente nos hemos encontrado colaborando en plataformas más «visibles» o incluso «oficiales», pero es por eso, que para mí vale la pena aclarártelo. Porque si siguiéramos por ese camino, creo que la crítica constructiva solo se iría hacia un lado de la balanza y el posible flujo de diálogo se desvanecería y continuaríamos colocando a proyectos que nacen desde ciertas institucionalidades como lugares viciados. Y ya ves, hoy te cuento, desde este humilde espacio, que no siempre es así.

Yo, por lo pronto, hago este ejercicio contigo. Ojalá que algún día conversemos, a mí me gustaría.

Mientras tanto, sigo en chinga, rescatando mi pasado en reseñas por el mundo de la web!

Saludos

M.



Hasta aquí la carta de Mariana, una carta cuyos argumentos y ponderación son harto difíciles de hallar entre creadores.

domingo, 8 de julio de 2012

Lapsus

Desearía que el lapsus
hubiera sido interruptus,
que yo nunca hubiera
dicho que...

«Traidor, infidel, ingrato, sádico»,
me enjuició entonces con todo derecho.
Mas ya se morigeran mi ansiedad
y mi culpa.

«Eres un niño», me dijo.
Y yo le pido: «Ponte
el vestido de gala, mujer,
e interpreta tu papel
de Beatrice Portinari.»
Flâneur o clochard,
hago turismo
de amiga en amiga.

No hay tiempo para atardeceres tristes.
        Pero sólo
Nos llegan los gritos del megáfono.
        pienso en coños
En las calles se gesta la epopeya.
        y carajos.

«Sí: cruel, sádico», me digo.
Me respondo: «Eres un...»

 
 



(Poema de un no-poeta, escrito entre el 4 y el 8 de julio de 2012. México.)

domingo, 20 de mayo de 2012

Este 1o. de julio de 2012

Panistas: sean ustedes solidarios. Hagamos todos historia.


jueves, 29 de marzo de 2012

Coreografía, performance y body art

Entre el 25 y el 27 de marzo de este año se llevó a cabo esta breve conversación vía Facebook:

INTI SANTAMARÍA
Quizá alguien aquí sepa de algún texto que defina los límites claros entre coreografía, performance y body art... Aunque yo sospecho que no existe esa claridad de límites.

SERGIO ARTURO HONEY ESCANDÓN
Más bien quienes ponen los límites son tanto los ejecutantes como los que se aproximan a esas expresiones como espectadores o como académicos... ¿qué relaciones quieres establecer entre los tres?

DIEGO MADERO
Creo que depende un poco de las herramientas con las que trabaje el creador y del contexto con el que el espectador verá la obra... Aunque en realidad los límites solo son una referencia para categorizar y archivar más fácilmente.

INTI SANTAMARÍA
Mi inquietud no se refiere tanto a cómo puedo identificar obras corporales en general, sino en cómo asumir que yo puedo ejecutar públicamente una obra de danza, no siendo bailarín profesional (será un ejercicio muy simple, este viernes a las 18:00, en X Espacio de Arte: están invitados). A veces me confundo porque en las tres mencionadas disciplinas participan el cuerpo, el espacio y el tiempo.

SERGIO ARTURO HONEY ESCANDÓN
Por eso son conceptos transversales... se presentan en muchas disciplinas de manera explícita y se reflexionan donde aparentemente son implícitas. ¿Cómo es el cuerpo del pintor, o su corporalidad? No tanto en lo que pinta sino en cómo lo pinta. Es distinta la corporalidad de Beatriz Zamora, y Pollock al realizar sus piezas a la de pintar en caballete: horizontalidad y verticalidad. En el cómo asumir es un pensar en cómo me relaciono antes con el cuerpo, espacio y tiempo desde la cotidianidad hacia el ejercicio que nos invitas. Cada disciplina (en este caso coreo, performance y body art) tienen distinciones en su forma de representar esos tres conceptos, en la creación de sentidos de sus piezas y de su saber hacer y de sus modelos interpretativos en esas realidades creadas. Por eso, ¿como quieres relacionarte con las obras corporales que convocas? ¡Un abrazo!





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viernes, 16 de marzo de 2012

Pequeña improvisación nocturna...





...para disfrutar de cierta terapia ocupacional este viernes extraño. Vale.





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miércoles, 22 de febrero de 2012

INVITACIÓN A LA EXPRESIÓN VISUAL: Taller de dibujo y pintura

Hola, banda.

Impartiré un TALLER DE DIBUJO Y PINTURA que comenzará este sábado 10 de marzo.

- ¿CUÁNTO DURARÁ?
Serán cinco sesiones semanales de tres horas cada una. Empezará el 10 de marzo y seguirá los sábados 17, 24 y 31 de marzo y 14 de abril.

- ¿EN QUÉ HORARIO?
El horario será los sábados de 11:00 a 14:00 hrs.

- ¿DÓNDE?
El lugar es el CENTRO CULTURAL YO’O ZA’A MACARIO MATUS, ubicado en Tlatelolco, en el edificio Guanajuato, local 2, planta baja.

Esto se encuentra junto a la Plaza de las Tres Culturas, nada menos. A un lado está el Templo (Tecpan) de Santiago, donde hay un mural de Siqueiros; al otro lado están la Secretaría de Relaciones Exteriores y el Centro Cultural Universitario Tlatelolco. Pueden llegar por Paseo de la Reforma; de sur a norte es pasando la Glorieta de Cuitláhuac (esquina con avenida Ricardo Flores Magón). En metro, les quedan no muy lejos las estaciones Tlatelolco (línea verde) y Garibaldi (línea B).


Mapa:

http://maps.google.com/maps/ms?msid=201176016556019123915.0004b99652dee29d7d2c3&msa=0&ll=19.455708,-99.135776&spn=0.019302,0.027423

- ¿CUÁNTO CUESTA?
$800 (pesos mexicanos) por las cinco sesiones

- ¿EN QUÉ CONSISTE?
Me enfoco sobre todo en los principiantes, gente que no ha tomado un lápiz nunca, excepto para trazar croquis de cómo llegar a una fiesta.
... Pero sea el nivel con el cual vengas, de principiante o avanzado, el chiste es potenciar el talento de cada quien.
La atención será personalizada, así que no se preocupen por su nivel. Todo mundo puede dibujar, avanzado o principiante.

- LOS TEMAS BÁSICOS SON:
- Observación
- Proporciones
- Perspectiva
- Luz y sombra
- ...y después haremos énfasis en la figura humana

Pero, según cada quien lo quiera y requiera, se pueden ir introduciendo temas grupales o individuales:
- Teoría del color, mezclas cromáticas
- Caricatura
- Acuarela
- Acrílico
- Gouache
- Lápices de color
- Tinta china
- Retrato
- Estrategias creativas para plantear una ilustración
- Rudimentos de storyboard
- Desnudo (el costo de modelo es aparte)


BREVE SEMBLANZA DE Inti Cristóbal Santamaría (Ciudad de México, 1976)
www.intisantamaria.com
http://intisantamaria.blogspot.com/

Artista visual por la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM.

Tiene más de diez años como docente de dibujo y pintura.

Ha participado en más de 30 muestras colectivas en México y el extranjero, en foros como la Galería de Arte Universal en Santiago de Cuba, el MuAC y la Academia de San Carlos.

Ha hecho ilustración para libros y publicaciones periódicas. Realizó los storyboards para los largometrajes mexicanos «Arráncame la vida» de Roberto Sneider y «Voces inocentes» de Luis Mandoki, entre otros.

Inti recientemente diversifica su labor artística dentro de la pintura y el dibujo tradicionales, el dibujo digital y el arte-acción.








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viernes, 27 de enero de 2012

Artistas que pagan por trabajar


[Imagen tomada de: http://www.behance.net/gallery/I-am-Designer/546504]


Pongamos esta situación: uno llega a solicitar un espacio para exponer sus pinturas en dos lugares públicos de la ciudad de México. Se trata de la Casa de la Cultura Jesús Reyes Heroles y del Centro Cultural San Ángel, administrados por el gobierno del DF. Y la respuesta no por ya archisabida resulta menos sorprendente: para exponer hay que pagar la renta del espacio. En 2005 la renta era de más de 500 pesos diarios, fines de semana incluidos. Y seguro hay más foros públicos con esas mañas, las cuales son 100% oficiales. Hasta hay tabuladores de renta.

Es decir: un gobierno que se dice y autocelebra como de izquierda ha decidido abandonar la cultura, al menos este aspecto de la cultura, en un garete de venalidad muy vergonzosa para un espacio público.

En las galerías públicas ¿por qué pagar nada?, ¿los funcionarios no pueden desquitar su sueldo? Ya que los presupuestos son magros o nulos, una posible salida a ello es hallar patrocinadores. Pero lo indignante es que existan «promotores culturales» que no sólo no buscan esos patrocinios privados, sino que deciden cargarle ese peso, como siempre, al artista, quien resulta ser el que les patrocina a los «promotores» la invaluable oportunidad de tomarse bonitas fotos cortando listones.

No son escasas las invitaciones que, en el fondo, convocan a pagar por que alguien más cuelgue los cuadros de uno, y ello sin garantía alguna de que los organizadores promuevan las ventas. Eso podría hacerlo yo, y gratis. Los artistas que deciden seguir accediendo a semejantes actos sociales están reforzando la idea de que el arte es una misión completamente espiritual, un acto de puro desprendimiento y generosidad humanitaria mediante el cual las personas se salvan del sucio materialismo.

Pero recordemos que el arte es un trabajo. Debe ser considerado un empleo con los mismos derechos y obligaciones de otras actividades profesionales. Y de ese modo, realizar una exposición no deberá pensarse como un privilegio ni como una concesión graciosa que nos obsequia la filantropía o la caridad de algún misericordioso. EXPONER NO ES UN PRIVILEGIO: ES UN DERECHO. Y, como artistas, arrastrarnos para entrar a un «espacio para exponer» es tan indigno como formarse para soportar las humillaciones que nos inflige el musculoso guardián de alguna discoteca de moda. Pedir una cuota de participación para exponer es como cobrar cover en una discoteca. Pero recordémosles a los dueños de esos locales de moda: nosotros, los clientes, los alimentamos a ellos, no viceversa.

Muchas galerías privadas no caen a niveles tan mezquinos, puesto que deciden no cobrar una renta ni una cuota de admisión, sino un porcentaje de las ventas. En ese caso podemos hablar ya de una situación ventajosa para ambas partes: la galería puede elevar la cantidad absoluta de sus comisiones conforme aumenten las ventas, y el artista no desembolsa ni un centavo después de pintar, sino que ofrece en especie unas ganancias que el galerista sabrá transformar en metálico.

En artes plásticas debería haber más representantes artísticos como los del gremio actoral. Cito de buena fuente: «Suponiendo que eres "la artista", ya seas actriz, bailarina, cantante, etc., tienes un representante, él te consigue trabajos, digamos el estelar en una película, o una serie de conciertos en el Auditorio, entonces él logra un acuerdo financiero con la persona que te está contratando (casa productora fílmica, organizadora de eventos, etc.), ellos acuerdan que te pagarán una cantidad X por hacer tu trabajo, y de esa cantidad X sale el 10 o 15% que se le debe dar al representante, ese porcentaje dependerá de un acuerdo previo que haces con tu representante...» En este ejemplo, ni el representante ni el artista pagan nada. Claro que trabajan mucho, pero el público es el que acaba pagando, y lo hace con gusto. Eso es ganar-ganar. Lo demás es puro círculo vicioso.

Claro que si pensamos en galerías, recordemos lo pocas que son y lo saturadas que están.

Habremos de CREAR UN MERCADO. Si no estimulamos esto, seguiremos en la minoría de edad profesional como artistas.

Llega a haber gente que te pide no sólo que trabajes gratis, ¡sino que pagues por trabajar! Si uno no tiene dignidad, le cobrarán por cada vez más cosas. Al artista le siguen cobrando porque es el único idiota que sigue pagando por todos los demás. « Bête comme un peintre »: «Bruto como pintor.» Algunos pintores justifican esa opinión.






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lunes, 16 de enero de 2012

Invitación a la expresión visual: TALLER DE DIBUJO Y PINTURA



Impartiré un TALLER DE DIBUJO Y PINTURA que comenzará este sábado 28 de enero.

● ¿EN QUÉ CONSISTE?
Me enfoco sobre todo en los principiantes, gente que no ha tomado un lápiz nunca, excepto para trazar croquis de cómo llegar a una fiesta.
Pero sea el nivel con el cual vengas, de principiante o avanzado, el chiste es potenciar el talento de cada quien.
La atención será personalizada, así que no se preocupen por su nivel. Todo mundo puede dibujar, avanzado o principiante.
→ Los temas básicos son:
- Observación
- Proporciones
- Perspectiva
- Luz y sombra
- ...y después haremos énfasis en la figura humana
→ Pero, según cada quien lo quiera y requiera, se pueden ir introduciendo temas grupales o individuales:
- Teoría del color, mezclas cromáticas
- Caricatura
- Acuarela
- Acrílico
- Gouache
- Lápices de color
- Tinta china
- Retrato
- Estrategias creativas para plantear una ilustración
- Rudimentos de storyboard
- Desnudo (el costo de modelo es aparte)

● ¿CUÁNTO DURA?
Serán diez sesiones semanales de tres horas cada una. Empieza el 28 de enero y concluye el 31 de marzo.

● ¿EN QUÉ HORARIO?
El horario será los sábados de 11:00 a 14:00 hrs.

● ¿DÓNDE?
El local está en México, DF, sobre calzada de Tlalpan, a un costado del metro Viaducto. Cerquísima de la Vértiz Narvarte, el Centro Histórico, la Portales...

● ¿CUÁNTO CUESTA?
$1,300.00. (Pesos mexicanos.)

● ¿CÓMO ME INSCRIBO?

Envía un correo a:

ayanami_mx@yahoo.com

Te responderé con los datos bancarios.


BREVE SEMBLANZA DE Inti Cristóbal Santamaría (Ciudad de México, 1976)
http://www.intisantamaria.com/

Artista visual por la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM.

Tiene más de diez años como docente de dibujo y pintura.

Ha participado en más de 30 muestras colectivas en México y el extranjero, en foros como la Galería de Arte Universal en Santiago de Cuba, el MuAC y la Academia de San Carlos.

Ha hecho ilustración para libros y publicaciones periódicas. Realizó los storyboards para los largometrajes mexicanos Arráncame la vida de Roberto Sneider y Voces inocentes de Luis Mandoki, entre otros.

Inti recientemente diversifica su labor artística dentro de la pintura y el dibujo tradicionales, el dibujo digital y el arte-acción.






:-)

martes, 3 de enero de 2012

Muestras de retratos

Algunos retratos que he pintado en los últimos años.

Todos son acrílicos sobre tela.




TALLERES

Ésta es una muestra de los talleres que imparto. Sobre fechas y lugares se puede confirmar vía mensaje privado.
(Dar clic en la imagen o bajarla al equipo para verla en detalle.)



jueves, 29 de diciembre de 2011

JUNTOS EN EL CAOS: Pequeño manifiesto adisciplinario

Here we are. Let us say Yes to our presence together in Chaos.
John Cage:
Silence




El siguiente escrito es una autoentrevista.

- ¿Quién eres?
- Inti Santamaría, artista.

- En tu currículum dice que eres pintor.
- Sí; pero ahora también me interesa practicar la no-pintura.

- ¿En qué sentido?
- En el sentido del cuerpo. Hace años empecé a pintar el cuerpo, y lo he dibujado desde siempre. Me gusta verlo, sentirlo. Adoro el desnudo, la piel es bellísima. Por eso empecé a ver danza desde hace relativamente poco; pero ahora ya la necesito siempre, incluso para comenzar a mover —poco a poco— mi propio cuerpo. Me estimulan las intersecciones de la danza con el body-art y el performance. Eso me ha llevado a interesarme por lo escénico, lo vocal, lo cinético, lo temporal, lo tridimensional (ámbitos de los cuales sigo siendo universalmente ignorante)... Hoy puedo entregarme a un batiburrillo de disciplinas. Mis actuales coordenadas son: CUERPO / TIEMPO / ESPACIO. Claro que apenas empiezo con esto, para mí es algo nuevo.

- ¿Has renegado del arte figurativo?
- No. Sigo amándolo, ¿cómo podría yo dejar de adorar a Diego Velázquez, y de fascinarme con Joaquín Sorolla, Saturnino Herrán o Lucian Freud? Pero el arte figurativo no es mi único amor.

- ¿Cualquier porquería puede ser arte hoy en día?
- Sí puede serlo, pero no necesariamente lo es.

- ¿Qué es el arte contemporáneo?
- Diré lo que es para mí, puesto que todo indica que es imposible definirlo de una vez para siempre. Este tipo de arte, surgido más o menos a partir de 1945, es plural, muchas veces contradictorio y abierto a múltiples significados no preestablecidos. Las obras contemporáneas caminan solas más allá de la persona del artista, suelen ser de autoría colectiva, subrayan el proceso de su elaboración y no un resultado rígido, y frecuentemente necesitan la interacción del espectador-participante. No se encierran en disciplinas establecidas, sino que son un terreno de cruce para todas las prácticas y teorías que hagan falta.

- ¿El arte conceptual es un fraude?
- No se puede generalizar. Pienso que no existe el arte conceptual ni los artistas del conceptualismo; sólo hay obras que recurren o no a esas estrategias. Y éstas pueden ser enriquecedoras, fascinantes, profundas, interesantes, gozosas o cuestionadoras, sean o no una parte o derivación del arte conceptual. Por otro lado, también hay obras conceptualistas pésimas.

- ¿El arte conceptual es bueno?
- ¿Qué se entiende por «bueno»? Cuando la Académie Française dictaba los cánones del arte en su país, podía hablarse de un criterio hegemónico oficial, por discutido que pudiese ser para algunos. Igual pasaba en muchos otros países. Pero hoy llevamos más de un siglo sin un canon oficial para emitir juicios, es la Babel del arte. Y, sin embargo, la huella del conceptualismo es especialmente determinante; Pablo Helguera dice que es la actual academia. Quizá no lo sea del todo; pero es inevitable el deber de estudiarla y asimilarla, y después recurrir a ella, ya sea para continuarla o rebatirla. Pero siempre con conocimiento de causa. El brasileño Oswald de Andrade proponía que el artista, como el antropófago de la Amazonia, devorara al más bravo de sus enemigos para fortalecerse. «Que nadie entre aquí si desconoce a Duchamp.» Ni modo, así está la cosa.

- ¿Qué rescatas del arte contemporáneo?
Existe una tradición valiosa en el arte contemporáneo. Pienso que algunos de sus mejores componentes son: la rebeldía social; el impulso de revolucionar todo lo aburrido (por ejemplo, mediante el juego y el humor); la comunicación más directa con el público y su inclusión; la crítica a las instituciones del arte; el querer ir (a veces) más allá del ego individualista y abarcar procesos colectivos; la aceptación de las realidades cotidianas para presentarlas y no representarlas mediante la ficción; la gran apertura y búsqueda de procesos más libres en el arte; el deseo de transformar todos los aspectos de la vida... Claro que muchos de estos factores pertenecen a una buena parte del arte, no necesariamente al contemporáneo. También salirme de las disciplinas delimitadas me importa crecientemente. Amurallarse no lleva a mucho.

- ¿O sea que ya no hay nada importante en las vanguardias históricas?
- Cada quien rescatará lo que mejor le venga. A mí me importa el surrealismo desde las ideas de El amor loco (1937) de André Breton, con su poesía cuasi indescifrable pero toda ella gozo (a veces lindante con sentimientos y emociones muy diferentes del gozo). El azar objetivo es para Breton la expresión del destino, y éste, de la libertad: cuanto más libremente elegimos, más obedecemos un precepto apenas adivinado, presentido. No hay casualidades. Y lo importante es saber aceptar aquello que va más allá de nosotros, y reconocernos y fluir en ello. Perdón si sueno pedante, pero no sé decirlo de otro modo.

- ¿De qué desventajas adolece, según tú, el arte contemporáneo?
- Unas de las peores fallas del arte (contemporáneo o no) suelen ser los artistas. En un grupo de pintores al cual pertenezco, El Ojo de Medusa, redactamos hace cuatro años y medio un texto donde poníamos el dedo sobre esos grandes defectos: «frivolidad, egoísmo, banalidad, trivialidad, simulacro, efectismo y cinismo». Condenábamos ese «arte cool para gente bonita», que es «un signo de estatus», y producto de un mercado inflado por especuladores monetarios. Y concluíamos que «en el fondo nada recriminamos al arte contemporáneo. No estamos contra ese arte: es contra los artistas Exquisitos [frívolos] y su modito.» Sigo suscribiendo eso mismo. Muchos de esos problemas de las artes visuales en México surgen porque aquéllas se han amurallado en el negocio. El auge comercial y el ascenso de superestrellas hacen del circuito oficial de las artes visuales especialmente refractario a artistas 100% independientes, pues tal circuito está muy crecido pero no tiene pluralismo. También está superpoblado, y por ende la competencia alcanza cotas atroces. Hay una larga cola para exponer en la inmensa mayoría de galerías. Las becas y premios no se dan abasto para despachar a todos los aspirantes, incluso a todos los buenos. Espero que haya mayor pluralidad en otros circuitos; creo empezar a conocer algunos.

- ¿Es que hay artistas contemporáneos que no sean frívolos?
- Ante todo, debe aceptarse que las generalizaciones no son buenas (en general, jo). Debe distinguirse entre el arte contemporáneo y la frivolidad, que puede llamarse Exquisitez. Conozco a muchos artistas contemporáneos que viven, como tú y yo, al día; que poseen una conciencia aguda de las desigualdades sociales; que incluso han sufrido discriminación racista, clasista o de alguna otra índole. Paralelamente, una pose pretenciosa y esnob puede tenerla alguien tanto de la colonia Condesa como de Ciudad Neza. Y, por otro lado, muchos pintores y demás artistas de disciplinas tanto contemporáneas como tradicionales disfrutan de lazos inconfesables, palancas influyentistas, nepotismo y enchufes políticos; de herencias aristocráticas recibidas vía un apellido rimbombante; del dedazo mágico (sin albur) de coleccionistas multimillonarios... Todo ello es parte de la vida, y una parte muy ignominiosa. No es privativo del arte contemporáneo. Es enriquecedor aceptar muchas ideas y actitudes del arte contemporáneo. No todo él es exquisito.

- ¿Hace falta leer rollos largos y rebuscados para entender todas las obras de arte contemporáneo?
- Creo que a veces sí. Pero también creo que muchos artistas abusan de ello. Borges decía que la brevedad de su propia obra era una muestra de respeto para con el lector. Ser rollero apenas se le puede perdonar a Tolstói o a Proust; ¿por qué habríamos de perdonarlo a cualquier artista menor?

- En tu obra ¿recurres a las explicaciones verbales?
- Ahora sí, cada vez más, pero no siempre.

- ¿O sea que tus trabajos ya no son estéticos?
- Muchos siguen siendo estéticos, pero no todos. Me ha importado la estética porque ella nos conecta con la percepción directa a través de los sentidos. Incluso mis (primerizas, humildes) piezas no estéticas apuntan al contacto directo con lo físico.

- Suelen interesarte los temas solemnes. ¿Estás peleado con el humor?
- Para nada. Simplemente así nacen mis obras, en el fondo me atraen temas bastante tradicionales. Pero —dicho sea de paso— a veces creo que algunas personas suelen linchar a quienes no recurrimos siempre al humorismo. Cuando éste se convierte en una dictadura, entonces ya no le veo ningún chiste.

- ¿Prefieres la reacción de la sensibilidad o los conceptos?
- Ambos. Como decía Robert Venturi: «I prefer both/and to either/or».

- ¿Quieres agregar algo?
- Sí. El más reciente par de años he aprendido muchas cosas nuevas sobre arte, estrategias creativas, asuntos escénicos, trabajo colectivo, música y expresión corporal. Taniel Morales ha sido fundamental en varios de esos aspectos. Mis maestros y compañeros han sido también (en orden alfabético), Ana Paula Camargo, Melissa Cisneros, Tamara Cubas, Ariadna Franco, José Miguel González Casanova, Olga Gutiérrez, Sergio Arturo Honey, Haydé Lachino, Shaday Larios, Nadia Lartigue, Bárbara Lázara, Magdalena Leite, Víctor Lerma, Mónica Mayer, Martha Moreyra, Anabella Pareja, Nato Pla, Alma Quintana, Héctor Soberón, Esthel Vogrig. A algunos de ellos los conozco solamente desde mi papel de espectador; a otros los conozco muy poco, casi nada; pero a todas y todos agradezco muchísimo lo que les he aprendido.















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miércoles, 5 de octubre de 2011

"Artistas del placebo", por María Minera

ARTISTAS DEL PLACEBO

Reproduzco a continuación un artículo de la crítica mexicana María Minera, publicado en la revista Letras Libres, México, septiembre de 2011. Véase: http://letraslibres.com/revista/artes-y-medios/artistas-del-placebo?page=0%2C0


“
1. Es Marilyn Monroe, mide casi ocho metros y, por si fuera poco, se ríe, congelada en la mítica pose de La comezón del séptimo año, mientras su falda vuela por los aires. La escultura, obra del artista Seward Johnson, apareció una mañana de julio en el centro de Chicago y desde entonces no ha hecho otra cosa que despertar pasiones. Que es vulgar y sexista, se apresuraron a señalar los críticos de arte: “La simple elección de una escultura así revela un mal gusto propio de un espectáculo pornográfico. Solo un razonamiento así de simplista puede provocar que aterrice una gigantesca Marilyn Monroe en el centro de Chicago. Llámenla como quieran: farsa, estafa, burla.” Más aún, se escuchó por ahí: “‘Es una farsa de una burla de una estafa de una farsa de dos burlas de una estafa’, como diría el personaje de Woody Allen en Bananas.” Alguien más escribió: “Marilyn tiene suerte de ser de aluminio y acero inoxidable, así no puede oír las cosas desagradables que se dicen de ella, o ver lo que los enanos hacen debajo de su falda.” “¿No es obvio?”, preguntó el crítico del Chicago Tribune: “Es ofensiva, es machista, no tiene nada que ver con Chicago, e inspira un comportamiento infantil en turistas y ciudadanos por igual: se paran bajo sus voluminosas piernas y se quedan embobados mirando hacia el abismo.” “Y no es que las feministas no tengamos sentido del humor”, dijo una entrevistada, “pero, vamos, ¡hay quienes están llevando a cabo despedidas de soltero ahí debajo!” Por supuesto, tampoco faltó el paladín inspirado que hasta un poema le dedicó: “Desde lo alto sobre Chicago / no desesperes / la ventosa ciudad no habrá de derribarte / de por sí tu falda está ya levantada.” Ni el entusiasta para quien “es formidable que la escultura perturbe a más de uno: el arte siempre tiene que provocar alguna clase de reacción, no importa que sea positiva o negativa”.

2. Nos puede parecer curioso que todavía haya críticos de arte que se puedan sentir escandalizados de que a Marilyn se le vean los calzones; uno pensaría que después de Courbet todos estarían curados de espantos. Pero lo que resulta realmente sorprendente es que en ni uno solo de ellos cupiera el más mínimo extrañamiento ante semejante idea del arte. Porque ahí hay una idea del arte, aunque nos cueste trabajo creerlo. Seward Johnson es un escultor de larga carrera que no ha hecho otra cosa que cosechar éxitos: lo suyo es el arte público, y ahí: el típico trampantojo del “hombre sentado en la banca” que te hace mirar dos veces para darte cuenta de que no: no es un hombre lo que está sentado en la banca sino un pedazo de bronce perfectamente trabajado para producir ese espejismo. ¿Pura ilusión óptica? Pop art, ya dicen algunos, como si el arte pop fuera una posibilidad abierta –casi un estado de ánimo–, y no un movimiento que vio su fin, y tardíamente incluso, en los años ochenta. Eso es tanto como decir que las bailarinas de bronce de Víctor Villarreal son impresionistas o que el grafiti es arte paleolítico.

3. Si bastara con representar, el arte seguiría haciéndose en cuevas.

4. Ya lo decía el gran crítico Clement Greenberg: “Una y la misma civilización puede producir simultáneamente dos cosas tan distintas como un poema de T. S. Eliot y una canción de Tin Pan Alley (1), o una pintura de Braque y una portada del Saturday Evening Post (2).” En efecto, los productos culturales de una sociedad suelen ser de lo más dispares: junto a una instalación de Teresa Margolles bien puede haber un payasito de porcelana, un alebrije fosforescente o un pastel de siete pisos. Pero no solo eso: entre una cosa y otra están también las esculturas de Sebastián, las cabezas gigantes de Javier Marín, los óleos de Arturo Rivera. Eso es lo que Greenberg no vio: que entre lo culto y lo popular (viejísimo binomio cada vez más difícil de aplicar) hay una zona en la que el arte tiende a despeñarse hacia una suerte de fatídico obstruccionismo que se manifiesta en repetidos y tenaces intentos de impedir que el arte siga su curso natural. Ahí, en esas arenas más bien movedizas, es donde, en efecto, puede aterrizar tan campante Marilyn Monroe, y del tamaño que quieran.

5. “El pasado nunca muere; no es ni siquiera pasado”, dijo famosamente Faulkner. Y eso parecen pensar los que se empeñan en apaciguar su nostalgia con obras que, en lugar de participar
genuinamente en el desarrollo del arte, se contentan, como las esculturas de Seward Johnson, con dar la impresión de que lo hacen, de que se mueven. Pero en realidad solo repiten recetas caducas que producen una ilusión momentánea de que se está frente a algo que tiene peso, que está vivo. Eso buscan: tan solo una apariencia de cosa importante. Por eso recurren con tanta frecuencia a la representación de corte realista: porque lo que quieren es atinar a la primera: y directo al corazón. Como decía Kundera, este tipo de expresiones “provocan que dos lágrimas se escurran al hilo. La primera lágrima dice: ¡qué hermoso es ver a los niños corriendo sobre el pasto! Y la segunda dice: ¡qué hermoso es sentirse conmovido, junto a la humanidad entera, por ver a los niños corriendo sobre el pasto!” Esa segunda lágrima es lo kitsch, “el espejo del engaño embellecedor”, como lo llama el escritor.

6. El problema es que ni siquiera es simplemente anacrónico; es peor: es abiertamente reaccionario, impermeable. Es un arte en estado de negación. No recicla, solo reempaqueta. Es, para decirlo pronto, el vil roperazo. Esto no significa que esté mal hecho, al contrario: este arte es el puro envoltorio: lisito, lisito, como bisutería fina.

7. Placebo es la palabra exacta (literalmente: “habré de complacer”): aquello que no cura pero que da la pinta. Perfecto: mientras el mundo se cae, nosotros pintamos bonito, dicen los artistas del placebo.

8. Y lo grave es que no es necesariamente el público el que consume el placebo –ni el que se lo traga. Son los artistas los que prefieren ir a la segura: al arte de los grandes maestros: ese que hemos visto mil veces y siempre nos gusta; más que eso: nos asombra. Esa es la clave, al parecer: el asombro. Por eso todos se apresuran a pulir sus trucos con esmero: y como con el mago que saca un conejo de su sombrero, el público dice: ¡Ah! ¡Javier Marín, ¿cómo le hace?! ¡¿Cómo lo logra Arturo Rivera?! Todavía hay muchos –entre ellos, algunos críticos– que creen que el arte depende enteramente de la destreza; de lo que puede conseguirse a través del estudio y la perseverancia; de las horas dedicadas a lograr tal o cual efecto. Siento decirles que aprender una técnica y dominarla está al alcance de cualquiera (con el tesón suficiente). Lo difícil es saber qué hacer con ella una vez que ya se la tiene.

9. Quién puede culpar a Seward Johnson de cumplir, a sus ochenta años, la fantasía de su vida. Tampoco realmente tendría caso decirle a Javier Marín que revise su reloj: lleva como cien años de atraso. Lo que preocupa es que haya jóvenes que no se tomen siquiera la molestia de asomarse al futuro, sino que elijan, de entrada, quedarse atrás.

10. Al mismo tiempo que en Chicago se levantaba el coloso de Marilyn, en Nuevo León se inauguraba “Nuevos grandes maestros”:(3) una muestra del trabajo de un grupo de jóvenes pintores mexicanos que toman su inspiración directamente de las obras de los maestros de la antigüedad. El curador de la exposición reconoce que hay por ahí alguno que es el heredero de Ángel Zárraga. Yo veo a otro en diálogo cerrado con Vermeer; y a uno más que quiere parecerse a Rafael pero se queda, me temo, en Masaccio; más allá, como no puede faltar: el prerrafaelita, y a su lado, ay, un nuevo Arturo Rivera (hay de modelos a modelos, eso sí). Y de lo único que no puede acusarse a estos jóvenes es de no tener talento para imitar a sus antecesores –o más bien: a los antecesores de los antecesores de sus antecesores. Se ve que han ido a la escuela.

11. Eso es lo malo.

12. Siempre ha habido artistas que se quedan rezagados de la vanguardia. Es la retaguardia, que nunca falta: esos artistas que no consiguen, o no quieren, adoptar el nuevo vocabulario y permanecen dándole vueltas a la manera anterior (por ejemplo, Alfredo Zalce o Raúl Anguiano, que siguieron cultivando un “realismo socialista” cada vez más trasnochado, al mismo tiempo que Tamayo se aventuraba por la senda del abstraccionismo. Bueno, o el propio Diego Rivera, que abandonó el cubismo y no exactamente para adentrarse en nuevos territorios, sino para volver a Bizancio, al Quattrocento). Lo inquietante aquí es que el trabajo de nuestros jóvenes pintores no es solo un poco arcaizante, sino que está tremendamente desfasado (no es Picasso su modelo: ¡es Piero della Francesca!).

13. Es como si para ellos los grandes maestros fueran no un precedente sino un oráculo que tiene todas las respuestas –incluso para las preguntas que los maestros antiguos nunca soñaron siquiera plantear. Y no es que estemos simplemente ante un capítulo más de la viejísima querella de los antiguos y los modernos. Esta nueva escolástica parece pedir algo más que un regreso a las formas clásicas. Aquí hay otra cosa: ¿nostalgia por la ortodoxia? ¿Cómo puede un joven tener nostalgia de nada, por dios? ¿Miedo a la libertad? ¿A equivocarse? Es común que muchas de las obras contemporáneas fracasen de un modo u otro, pero esto es así porque lo que buscan no es hacer arte (mucho menos gran arte), sino dar vida a una intuición (que algunas veces, si no se intenta ir más allá, se queda en pura ocurrencia, es cierto). Lo que vemos aquí, sin embargo, es un intento, de antemano malogrado, de hacer, antes que nada, Arte, y no cualquiera: el de los grandes maestros. Y lo que ocurre es que así como no pueden hacerse hoy las obras de mañana (a menos de que se sea un profeta, que los hay), tampoco deberían hacerse las de ayer. Por ponerlo así: es como si en lugar de un pan recién salido del horno, se prefiriera el pan de la abuela; pero no uno que sabe al que hacía la abuela: el pan exacto que horneó la abuela en el año de la canica y que por alguna extraña razón se quedó guardado en la alacena.

14. Y si lo que se quiere es hacer una crítica de lo que se percibe como falta de rigor en el arte contemporáneo, me parece que el intento es de lo más fallido, pues no puede haber verdadera potencia crítica y subversiva alguna en un arte tan abiertamente conservador. Y, si no hay potencia crítica ni subversiva, mucho me temo que lo que queda es una mera superficie pintoresca.

15. Y si lo que queda es solo el aspecto, y ese aspecto puede alcanzarse por otros medios, digamos, una fotografía o un video, entonces da más o menos lo mismo que sea o no una pintura o una escultura tradicionales. Pero si da lo mismo que sea o no una pintura o una escultura, entonces también da más o menos lo mismo que sea o no una obra. Las obras de arte actúan exactamente de la manera opuesta, para ellas la cohesión es absoluta: hay una única combinación de cosas que la hacen posible como obra. Y lo demás: es placebo. ~

1- Calle de Nueva York donde se establecieron las principales casas de música popular durante el final del siglo XIX y el principio del XX.
2- Tipo Norman Rockwell.
3- En el Museo El Centenario de San Pedro Garza García.
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domingo, 18 de septiembre de 2011

«Investigaciones [carne]»



Lucian Freud. Blond Girl on a Bed, 1987, óleo sobre tela, 41 × 51 cm, Saatchi Collection, Londres.



Escribe Thomas Mann:

«¿Qué era, pues, la vida? Era calor, calor producido por un fenómeno sin sustancia propia que conservaba la forma: era una fiebre de la materia que acompañaba al proceso de incesante descomposición e incesante recomposición de moléculas de proteína de una estructura infinitamente complicada e ingeniosa. Era el ser de lo que en realidad no puede ser, de lo que únicamente se balancea, en precario equilibrio —con placer y dolor a un mismo tiempo— sobre el vértice dentro de este complejísimo y febril proceso de descomposición y renovación. No era materia y tampoco era espíritu. Era algo entre las dos cosas, un fenómeno que se hace visible en la materia, como el arco iris sobre un salto de agua, o como la llama del fuego. Sin embargo, a pesar de no ser material, era sensual hasta la voluptuosidad y el asco, el impudor de la materia que se vuelve sensible a sí misma y a sus propios estímulos, era la forma impúdica del ser. Era un secreto y sensual movimiento en la casta frialdad del universo, un mínimo foco de impureza secretamente voluptuoso, de nutrición y excreción, un soplo excretor de anhídrido carbónico y sustancias nocivas de procedencia y naturaleza oscuras. Era el resultado de un proceso de compensación de su naturaleza inconsistente que obedecía a unas leyes intrínsecas, es decir: era la proliferación, el desarrollo, la formación de esa especie de materia esponjosa hecha de agua, proteínas, sales y grasas que llamamos carne y que luego se convierte en forma, en imagen elevada, en belleza, sin dejar de ser, con todo, la más pura esencia de la sensualidad y el deseo. Pues esta forma, esta belleza, no es de naturaleza espiritual como las obras de la poesía y la música; y tampoco se manifiesta a través de un material neutro y objetivo, capaz de representar el espíritu de una manera inocente, como es el caso de la forma y la belleza de las obras escultóricas. Todo lo contrario, se manifiesta y está construida por la sustancia que, no se sabe cómo, despierta la voluptuosidad, por la propia manera orgánica que se organiza y se descompone constantemente, por la carne que desprende un olor…

»La imagen de la vida se revelaba a los ojos del joven Hans Castorp, que reposaba mirando el valle cristalino, envuelto en sus cálidas pieles y mantas, en la noche helada, iluminada por el resplandor del astro muerto. Flotaba ante él como una visión, desde algún punto del espacio, una figura fantasmal y, al mismo tiempo, muy real: la carnalidad, el cuerpo, de un blanco mate, con sus múltiples olores y vapores, pegajoso; la piel, con todas sus impurezas y defectos, manchas, papilas, durezas, grietas y zonas rugosas y escamosas; recubierta por los suavísimos remolinos del lanugo.

»Flotaba en una especie de nebulosa, de halo, diferenciada del frío de la materia inanimada, en una postura relajada, con las manos cruzadas detrás de la nuca, la cabeza coronada con un producto de su propia piel —frío, queratinoso y pigmentado—, y le miraba con los ojos bajos, unos ojos que, debido a un particular pliegue de la piel, parecían oblicuos; con la boca entreabierta y los labios un poco adelantados hacia quien la miraba descargando el peso sobre una pierna de manera que se le marcaba el hueso de la cadera y apoyando la otra, un poco flexionada, sobre la punta del pie, casi rozando la cara interior de la que soportaba el peso. Allí estaba, de pie, ligeramente de lado, sonriendo, en una postura tan relajada como grácil, con los blanquísimos codos separados, simétricos… Como todo su cuerpo, estaba lleno de juegos de simetrías: a la acre oscuridad de las axilas le correspondía el místico triángulo en que culminaba la noche del regazo, como también los ojos formaban un triángulo con la roja abertura de la boca, y las rojas flores de los pechos con la suave hendidura vertical del ombligo. Un órgano central, así como los nervios motores que nacían en la médula espinal gobernaban el movimiento del vientre y el tórax, la cavidad pleuroepitoneal se dilataba y se contraía, el aliento —caliente y húmedo por la acción de las mucosas de los conductos respiratorios, saturado de anhídrido carbónico— se escapaba entre los labios tras haber provisto de oxígeno a la hemoglobina de la sangre en las celdas del pulmón para la respiración interna.

»[…] La enfermedad era la forma impúdica de la vida. ¿Y la vida? ¿No era quizá también una enfermedad infecciosa de la materia, al igual que lo que se denominaba generación espontánea de la materia podía no ser más que enfermedad, la proliferación de lo inmaterial? El primer paso hacia el mal, la voluptuosidad y la muerte había partido, sin duda, del punto en el que, provocada por el cosquilleo de una infiltración desconocida, se había producido esa primera concentración del espíritu, ese crecimiento patológico y desmesurado de un tejido que, en parte por placer, en parte como medida de defensa, había constituido el primer estadio de lo sustancial, la transición de lo inmaterial a lo material. Eso era el pecado original. La segunda generación espontánea, el paso de lo inorgánico a lo orgánico, ya no había sido más que una peligrosa gradación del cuerpo a la conciencia; lo mismo que la enfermedad del organismo era una exgareración enloquecida y una acentuación desmesurada de su naturaleza física. La vida no era más que una progresión por el camino lleno de aventuras del espíritu que había perdido el pudor, un reflejo del calor que causaba la vergüenza en la materia despierta a la sensualidad y que se había prestado a acoger al desencadenante de todo aquel fenómeno…

» […] Veía la imagen de la vida, sus miembros florecientes, la belleza manifestada en la carne. Esa belleza había retirado las manos de la nuca, había abierto los brazos y, en el interior —sobre todo bajo la delicada piel de la articulación del codo—, se transparentaban las venas azuladas, las dos ramas de las grandes venas y esos brazos eran de una dulzura inexpresable. Ella se inclinó hacia él, sobre él; Hans Castorp sintió su olor orgánico, sintió el latido de su corazón. La ardiente sensación de un abrazo rodeó su cuello y, mientras se derretía de placer y de terror, posó sus manos sobre la parte superior de aquellos brazos, allí donde la piel se tersa sobre el tríceps y es de una frescura exquisita, y sintió sobre sus labios la succión húmeda de un beso.»


Thomas Mann. La montaña mágica. 3ª reimp., trad. de Isabel García Adánez, Edhasa, Barcelona, 2006. Capítulo V, subcapítulo «Investigaciones», págs. 399-401, 413-414.



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miércoles, 7 de septiembre de 2011

Cobertura de “El Accidente”

Éstas son tres notas que aparecieron en medios mexicanos acerca del performance El Accidente. O más bien, debe decirse que es una misma nota, redactada por Notimex, y aparecida en tres medios.

Sólo una precisión: Martha Moreyra estudió en el Conservatorio Nacional de Música, no en la Escuela Nacional de Música.