lunes, 19 de julio de 2010

¿Para qué sirve hacer una exposición?

Una exposición puede tener al menos tres propósitos. Huelga aclarar que muy difícilmente una sola exposición satisfará las tres intenciones:

1.- Obtener retroalimentación. Es una meta frecuente del acto de exponer: darse a conocer, oír los comentarios del público, recibir críticas, aprender de las opiniones de la gente. Es un proceso comunicativo que sirve para que uno como artista crezca, y que también puede enriquecer humanamente al público. Desde luego que la retroalimentación es tanto más amplia cuanto más visitada sea la muestra.

2.- Recibir elogios. No es nada excepcional la intención de exponer para engordar el currículo, hacer crecer el prestigio, codearse con otros expositores más famosos que uno o ser partícipe de la buena reputación del museo o galería en cuestión.

3.- Vender. Un tercer objetivo, perfectamente legítimo, es ganar dinero con una exposición. Pero ojo: exponer no sirve para vender nada si uno no se apoya en otros factores:

3.1. Construir desde mucho antes un grupo de clientes, aunque sólo sean potenciales. Es preciso trabajar de tiempo completo en la promoción. Por ejemplo, visitar a diferentes clientes cuando menos una vez cada semana, y siempre establecer contacto personal con ellos. Es obvio, pero frecuentemente olvidado, que los clientes puedan pagar; vender obras caras a clientes pobres es estúpido.

3.2. Creer firmemente que el proyecto tiene futuro, y que uno no debe dispersarse ni desmoralizarse. No hacer dos cosas al mismo tiempo, sino dedicar toda la atención a un solo proyecto. Si le dedicas las migajas de tu tiempo a la exposición, no esperes ventas maravillosas.

3.3. Tener muy claro el concepto de la exposición, para poder explicarlo a quienes nos puedan apoyar (ver siguiente punto).

3.4. Conseguir patrocinios. Muchas empresas pueden financiar el arte, por ejemplo bajo el pretexto de deducir impuestos.

3.5. Hacer una divulgación previa muy amplia. Hacer la invitación más de mes y medio antes de inaugurar la muestra. Contactar los medios de difusión masiva: periódicos, radio, revistas… Algunas revistas cierran su edición con dos o tres meses de antelación.

3.6. Trabajar por objetivos de dinero/tiempo. Una exposición es una inversión cara, y si como mínimo no se recupera lo invertido (en capital o como retribución al tiempo dedicado), esa exposición será un fracaso. Es absurdo decir acerca de un proyecto: «de aquí a un año no vamos a ganar nada»; quien dice eso actúa como dedicándose a un hobby, no vive ni quiere vivir del arte, ni tampoco distingue la diferencia entre ingresos y ganancias. (Puede ingresar mucho o poco dinero, pero representará una pérdida si es menos que la inversión.)

3.7. ¡Puntualidad! Perder tiempo y robar el tiempo ajeno son síntomas de desorganización, informalidad, irresponsabilidad y carencia de previsión. Es una falta de respeto. Hacer todo por impulso, a las prisas y sin preparación es una vía directa al fracaso.

3.8. Reconocer que la pura «imagen» es fútil si lo anterior no se cumple. Poner flores, programar música, colgar moños, tener edecanes, contratar un valet parking son gastos extra que sí ayudarán, pero únicamente en caso de haber realizado la promoción inicial. Si no existe ésta, tales gastos son un desperdicio.

3.9. Como resumen del punto 3: las exposiciones-venta no sirven para nada si no hay un trabajo previo de promoción, largo, lento, paciente y persistente. La muestra sólo sirve para cerrar la venta, no para comenzar la publicidad. Promoviendo bien una exposición se evitan pérdidas y se posibilitan las ganancias. Promover es sembrar, exponer es cosechar. Si uno quisiera —por ejemplo— exponer en noviembre de 2010, la promoción debería estar a todo vapor desde fines de julio.

En fin: personalmente me interesa hacer exposiciones que cumplan al menos uno de los tres puntos. Si no hay una amplia visita de gente que dé su opinión; si no me prestigia; o si no vendo, no me interesa. ¡Qué difícil!









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